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Hitchcock Film Series by Daniel Zender

Daniel Zender

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El cine según Hithcock (III)

Rubia, parece que volamos sobre un río.

***

Alfred Hitchcock […] Si el sexo es demasiado llamativo y demasiado evidente, no hay suspense. ¿Por qué razón elijo actrices rubias y sofisticadas? Buscamos mujeres de mundo, verdaderas damas que se transforman en prostitutas en el dormitorio. La pobre Marilyn Monroe tenía el sexo inscrito en todos los rasgos de su persona, como Brigitte Bardot, lo que no resulta muy delicado.

François Truffaut Es decir, usted desea ante todo, conservar una paradoja: ¿mucha reserva aparente y mucho temperamento en la intimidad?

A.H. Sí. […] El sexo no debe ostentarse. Una muchacha inglesa, con su aspecto de institutriz, es capaz de montar en un taxi con usted y, ante su sorpresa, desabrocharle la bragueta.

F.T. […] Me parece que al público masculino le gustan las mujeres de aspecto muy carnal y esto queda confirmado por ciertas mujeres que siempre llegaron a ser estrellas, aunque sólo rodaban casi siempre malos films, como Jane Russell, Marilyn Monroe, Sophia Loren, Brigitte Bardot; me parece, por tanto, que la gran masa del público aprecia el sexo evidente o, como usted dice, “inscrito en el rostro”.

A.H. Es posible, pero usted mismo dice que no pueden rodar más que películas malas. ¿Por qué? Porque con ellas no puede haber sorpresa, y por tanto, buenas escenas; no se produce con ellas el descubrimiento del sexo. Observe el comienzo de To Catch a Thief. Fotografíe a Grace Kelly impasible, fría, y casi siempre la presento de perfil, con una aire clásico, muy hermosa y muy glacial. Pero cuando circula por los pasillos del hotel y Cary Grant la acompaña hasta la puerta de su habitación, ¿qué hace? Hunde directamente sus labios en los del hombre.

F.T […] esa teoría del erotismo helado es algo que usted consigue imponer a pesar de la inclinación natural del público, al que le gusta ver de entrada muchachas fáciles.

A.H. Quizá, pero no olvide que, un vez el film terminado, el público está contento.

F.T. No lo olvido, pero, sin embargo, me arriesgo a exponer una hipótesis: ¿no cree que este aspecto de sus películas satisface tal vez más al público femenino que al masculino?

A.H. Es posible, pero le contestaré que, en una pareja, es la mujer la que elige el film que van a ver y diré, incluso, que es ella quien decide después si el film era bueno o malo. Las mujeres pueden soportar la vulgaridad en la pantalla a condición de que no sea expresada por personas de su propio sexo.

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El cine según Hitchcock (II)

To read or not to read, that’s the question?

François Truffaut: Sin embargo, hay cosas hermosas en I Confess. Clift anda a lo largo de toda la película; es un movimiento hacia adelante que recoge como en un abrazo, la forma del film, y es hermoso porque expresa de manera concreta la idea de rectitud. Hay una escena específicamente hitchcokiana, la del desayuno, cuando la mujer de Otto Keller sirve el café a todos los sacerdotes y pasa una y otra vez detrás de Montgomery Clift, cuyas intenciones intenta adivinar. Tras el diálogo anodino de los sacerdotes que hablan de sus cosas, ocurre realmente algo entre Clift y esta mujer, y todo se comprende gracias a la imagen. No conozco a ningún otro director que sepa hacer esto o ni siquiera que intente hacerlo.

Alfred Hitchcock: ¿Quiere decir que el diálogo dice una cosa y la imagen otra? Éste es un punto fundamental de la puesta en escena. Me parece que las cosas ocurren a menudo así en la vida. Las personas no expresan sus pensamientos más profundos, tratan de leer en la mirada de sus interlocutores y, con frecuencia, intercambian palabras triviales mientras intentan adivinar algo profundo y sutil.

François Truffaut: Por eso me da la impresión de que en algunos aspectos es usted un cineasta profundamente realista.

 

Aplausos…

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El cine según Hitchcock

A leer cabrones…

Alfred Hitchcock: Algunos años antes de mi llegada a Hollywood, habían citado una de mis declaraciones: “Los actores son como ganado”. No me acuerdo en qué circunstancias pude haber dicho esto, pero lo más probable es que fuera en los comienzos del sonoro en Inglaterra, cuando rodábamos con actores que trabajaban al mismo tiempo en el teatro. Cuando tenían una función de tarde, abandonaban el estudio muy temprano, mucho más pronto de lo que era necesario, en mi opinión, y sospechaba que se dedicaban a tomar una buena comida.

Por la mañana había que rodar las escenas a toda velocidad para acabar con ellos lo antes posible. Pensaba que si eran tan devotos de su trabajo como yo del mío, se contentarían con un “sandwich”, comido en un taxi camino al teatro, donde llegarían con el tiempo suficiente para maquillarse y entrar en escena.

Es esta clase de actores la que yo detestaba, y recuerdo haber oído charlar a dos actrices en un restaurante. Una le decía a la otra: “¿Qué haces en este momento, querida?” Y la segunda contestaba: “Oh, hago cine”, con la misma entonación que si dijera: “Voy a los tugurios”.

Esto hace que hable con severidad de estas personas que entran en nuestra industria, procendentes del teatro o la literatura, y que trabajan en nuestro arte únicamente por dinero. Creo que los más detestables son de manera particular, aquí en Hollywood, los escritores que llegan de Nueva York, que consiguen un contrato con la M.G.M., sin atribuciones especiales, y que dicen: “¿Qué quiere que le escriba?” Hay algunos escritores de teatro que firman contratos de tres meses únicamente para pasar el invierno en California. ¿Por qué le hablo de todo esto?

François Truffaut: A propósito de su famosa declaración: “Los actores son como ganado”.

Alfred Hithcock: ¡Oh, sí, es verdad!…

 

Extracto del libro, El cine según Hitchcock, Alianza Editorial.

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